viernes, 29 de abril de 2016

Decido creer

Me gusta creer que soy libre de creer. A veces pienso que tengo el derecho de pensar. Sin embargo, la realidad de una sociedad subyugada a un estándar impuesto y una doctrina inamovible me despiertan de mi sueño, porque según parece hasta soñar fuera del cuadro es censurable.

A pesar de ello, me sumo a los miles que no se conforman con encajar a la fuerza en moldes que les son ajenos. Me siento comprometido con los que desean ser libres y pensar y sentir y creer porque para ello hemos sido dotados de cerebro, inteligencia y voluntad.

Decido creer porque sí, sin tener que darle explicaciones a autoridades que cuestionen mi integridad filosófica. Escojo pensar porque quiero ser independiente y no una oveja que trasquilada contra su voluntad, es conducida a un suicidio intelectual, social, político... humano.

Mi Cuba ya no es la de antes. Mi pueblo ha cambiado. Mis amigos chocan contra los muros, contra las verjas, contra los barrotes que les limitan. Se extienden a futuros inciertos tratando de alcanzar aquello que no han visto ni conocido.  Mientras, observo y pienso, creo, decido y, convencido de ello, actúo.

jueves, 3 de diciembre de 2015

Crisis cíclica

A los que pensaban que la crisis de los 90 —con el éxodo de balseros y todas las demás vías de entonces— ya era cosa del pasado, estas últimas semanas han recordado que la triste historia de la emigración en Cuba aun tiene páginas por mostrar.

Las experiencias de cientos y miles son testimonios, acallados por nuestros medios, que se centran en dar un discurso inconsistente y divorciado de la opinión del pueblo cubano, incluso, de la de sus propios periodistas.

miércoles, 23 de septiembre de 2015

Imposible conectar… intente de nuevo

Pensé que lo inteligente de mi teléfono quedaría siempre en la clasificación que reciben estos celulares o en las potencialidades que brindan sin necesidad de usar internet. Así que cuando escuché la noticia por los medios oficiales no pude, sino sentirme entusiasmado: Internet por WiFi… ¡vamos mejorando!

Con más de una veintena de zonas habilitadas en toda Cuba —espacios de cabeceras provinciales y polos turísticos— ETECSA dispuso la libre conexión mediante cuentas temporales o permanentes de Nauta, para todos aquellos con dispositivos capaces de recepcionar la señal.

Al principio se sentía como los primeros meses de casados. No hay inconvenientes, ni discusiones… todo es un Edén. Sin embargo, la serpiente siempre llega para acabar con la tranquilidad y esta vez bajo la imagen de burocracia e infraestructura ¿insuficiente o mal planificada? Lo dejo a su criterio.

Los inconvenientes surgieron cuando los usuarios, en las horas pico del día, se daban su brinco hasta los parques o demás zonas WiFi. Luego de hallar un asiento, rincón de la acera, o piedra a la sombra de un árbol y abrir sus portátiles o activar sus celulares, el golpe llegaba al darse cuenta de que no podían conectarse.

Luego de quizá una veintena de intentos, ir a dar una vuelta por las tiendas y dejar pasar un poco el tiempo para reintentar la conexión: voila, ¡conectados a Nauta! Ahí comenzaba entonces el nuevo suplicio: las lentas velocidades con las cuales debíamos navegar la red.

Hay incluso quienes, algo más avezados en el tema, se han dado a la tarea de estudiar el terreno y evitar obstáculos y propiciar la distancia más cercana entre el AP y ellos. Sin embargo, cuando el número de usuarios es demasiado, es prácticamente una tortura ver cómo se van nuestros minutos de conexión, sin apenas haber podido cargar nuestras páginas en las redes sociales.

Sin embargo, acostumbrados a “pasar trabajo”, los cubanos intentamos obviar estos “detalles” y miramos optimistas aunque la cara nos cambia completamente cuando agotado nuestro tiempo de conexión vamos hacia los Telepuntos para hallarnos ante un maremágnum de clientes, aglomerados en la entrada en interminable cola.

Desconozco si en otras ciudades del país sucede de este modo. Desde el verano pasado, en Santa Clara, ETECSA dispuso que se realizaría una única fila para acceder a sus instalaciones, sin importar cuál fuese el trámite a realizar, a excepción de aquellos relativos a propiedades de teléfonos.

 Resulta entonces que para poder recargar la cuenta Nauta debemos marcar una cola, que con buena suerte nos permitirá lograr nuestro cometido, luego de un mínimo de hora y media de espera.

Espera que aprovechan los revendedores, quienes como fieras al asecho usan el desespero por calor y la multitud, para erguirse salvadores que por 50 centavos más nos ofertan las tarjetas de conexión que tanto anhelamos adquirir. Es que, a río revuelto…

¿Acaso no sería más productivo incorporar la venta de cupones de recarga y tarjetas Nauta dentro de los servicios ofrecidos por los Agentes de Comunicaciones, cuentapropistas en convenio con ETECSA, desplegados por la ciudad? Una vez más, infraestructura ¿ineficaz o mal planificada?

Lo cierto es que a pesar de que WiFi Nauta es un paso importante en el proceso de democratizar y extender el internet en el país, no pocos son los inconvenientes que aún presenta su correcto funcionamiento. Algunos solubles con facilidad, otros quizás no, pero que sin dudas demanda de los directivos de nuestra única empresa telefónica sentarse a pensar un poco más en sus clientes… al fin y al cabo, si pagamos, es lo mínimos que merecemos.

martes, 8 de septiembre de 2015

¡Salven el curso escolar!


Constituido hace una semana y en funcionamiento desde el 6 de septiembre, el Contingente Pedagógico Ernesto Ché Guevara reúne a cerca de 400 estudiantes universitarios del centro del país, que se han dispuesto a suplir la carencia de profesores en las aulas villaclareñas.

En toda Cuba y bajo nombres diversos, otros tantos grupos de futuros periodistas, médicos, ingenieros, químicos o licenciados de otras ramas, hacen espacio entre su preparación docente superior y sus otras obligaciones, para incursionar como profesores en las enseñanzas Secundaria y Preuniversitaria.

A no pocos esto puede asustarles. Sobre todo a los padres de los educandos que recibirán clases impartidas por muchachos, no tan lejos de ellos en edad, y que desearían a maestros de experiencia que enseñen a sus hijos.

Para otros tantos es una salida de emergencia que ha probado ser efectiva en otros momentos, pues brinda una solución inmediata, no exenta de riesgos, y sí necesitada de permanente observación por las autoridades del Ministerio de Educación.

Si bien muchos de estos casi universitarios poseen un nivel más que suficiente para enfrentar un aula y guiar asignaturas afines a sus perfiles profesionales, lo que hoy salva las castañas del fuego a las autoridades del MINED y al actual curso escolar, no deja de ser una solución temporal que enciende la alerta roja ante la continua y preocupante escasez de maestros y profesores en las escuelas cubanas.

Políticas nacionales como la de incorporar a educadores retirados y promover las carreras pedagógicas han mostrado ser insuficiente. En un país, donde el salario medio de este sector ronda los 530 pesos cubanos, la decisión de dedicarse al magisterio ya no radica solo en la vocación, sino en la presión que realiza la deseada estabilidad financiera personal, que motiva a escoger sectores mejor remunerados.

Como parte de estos contingentes y con cierta inclinación por enseñar, hoy día me veo como uno más que se enfrenta a muchachos que desean estudiar y no perder su año por falta de profesores. Sin embargo me pregunto ¿por cuánto tiempo más la dirección del país continuará recurriendo a sucedáneos y paliativos, meras soluciones transitorias que no atacan la raíz real del problema?

miércoles, 12 de agosto de 2015

WiFi ¿Establecer conexión?

Cuando di el salto desde la tradicional computadora de escritorio al ordenador portátil, descubrí no solo la comodidad de poder andar con mis archivos para cualquier sitio, sino un mundo invisible que hasta el momento desconocía: las redes inalámbricas de datos.

La sorpresa no radicó mucho en su existencia. Sabía de las WiFi. Lo que no podía calcular en su total magnitud es cómo esta tecnología ya no era de uso exclusivo de empresas, universidades y demás centros estatales —los únicos autorizados a conectar computadoras en el país— sino que desde sus casas las personas comenzaban a conectarse con el vecino de al lado, o con el de la calle del frente y este con el próximo, hasta poco a poco ir creando una red de barrio, una WiFi «clandestina».

Villa Clara, una de las provincias del país en constante evolución y desarrollo no queda detrás, y en la capital provincial contabilizamos en una búsqueda inicial más de 30 redes inalámbricas, tan solo en tres de los principales barrios, unas cuantas siendo puntos de acceso (Access Point o AP) que tributan a la ampliación de una misma red y esto es solamente el extremo de la madeja.

Conectando…

Luis Manuel es uno de los tantos muchachos que disfruta de juegos en línea, porque indiscutiblemente «es más entretenido jugarlo en red con otros contrincantes, que contra la computadora», por eso cada tarde se comunica con los demás aficionados del barrio mediante la Olympus WoW LK-2 donde «siempre te encuentras gente online».

Las redes de gamers se extienden por Cuba.
Esta es unas de las principales atracciones
que seduce a no pocos jóvenes y adultos
fans de los videojuegos online.
(Foto RRA)
¿Y cómo no? La interconexión de usuarios desde la comodidad de casa se ha vuelto cada vez una alternativa más practicada, no solo por los denominados gamers, sino por aquellos que buscan pasar el rato con amigos, chatear mediante servicios de IRC, quizá enterarse de algunos clasificados de venta publicados por los mismos usuarios, o copiarse softwares y videos unos a otros.

Pero para lograrlo se necesita de componentes que no están «en la tienda de la esquina» como lamentan algunos y por este motivo los creadores de redes como Blizzard-Net, Sam Fischer MW3 o La Bala entre muchas más, recurren a una inversión —personal o colectiva— para adquirir equipos transmisores de red 802.11 (norma para las redes WiFi) mediante encargos a amistades en el extranjero, revendedores o incluso a técnicos que los fabrican de forma artesanal.

«Comprar un AP TP-Link de 2.4 GHz de ancho de banda, que cubra una distancia media de 2 Kmx y permita la conexión a unos 56 Mbps oscila entre los 90 y 120 CUC.

Puede tratarse de un AP, un router o un switch… las opciones son varias, incluso hay quienes añaden dispositivos artesanales para aumentar su alcance y no quedarse «colgados», como suele denominarse a quienes por lejanía o mala recepción fluctúan en la conexión y afectan la estabilidad de la red.
 
Es frecuente hallar dispositivos WiFi,
como este AP de marca TP-Link,
unido a aditamentos artesanales
que aumentan su capacidad de recepción,
 tales como esta antena biquad. (Foto: RRA)
«Muchas veces alguien consigue que un familiar le traiga la antena o un transmisor, y entonces monta la red y le avisa a sus amigos» nos cuenta Lídice, estudiante de Cibernética en la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas.

Miguel, aficionados a los juegos y la informática dice que «normalmente nadie cobra por conectarse a jugar o chatear, o incluso por pasarse archivos. Sin embargo hay quienes montan la red o se ponen de acuerdo con el dueño y distribuyen copias del paquete semanal por esta vía, entonces los que reciben este servicio sí pagan, como lo harían de irlo a copiar personalmente».

Esta práctica, extendida en varias provincias del país posibilita el mantenimiento de los equipos de red y la recuperación de la inversión en algunos casos. «Es un acuerdo en el cual todos quedan contentos».

Identificando la red…

Desde el año 2000 y bajo constante transformación, las redes de conexión WiFi se han instaurado en los sistemas de comunicación y transmisión de datos como una vía fácil y eficiente para interconectar la mayor cantidad de personas, sin necesidad de crear una infraestructura tan cara y trabajosa como lo constituye una red cableada.

Esto ha propiciado que las redes en espacios abiertos sean una realidad habitual, y que a nivel mundial cada vez menos personas hagan uso de cables, incluso en sus casas.

Lamentablemente y como suele suceder, en Cuba es hasta ahora que se crean los primeros puntos de conexión públicos, estos como parte de la estrategia para expandir el acceso a los servicios de navegación que ETECSA brinda mediante las cuentas nauta.

A pesar de ello, el cubano tiende a ir un paso por delante, y ante la desconexión en la cual vive, surgieron las alternativas de barrio.

Al principio algunos con pequeñas antenas artesanales conectaban a sus amigos para jugar. Ya hoy existen redes bien fundamentadas, con una infraestructura estable y administrada con seriedad, que interconectan a miles de equipos y proveen servicios de redes sociales, páginas webs creadas y hospedadas en sus propios servidores, e incluso brindan servicios de video llamadas online para sus usuarios.

El ejemplo más conocido se torna la SNet (Street Net o Red Callejera) que en La Habana da servicio a más de ocho mil equipos, abarca varios municipios de la capital y que opera bajo una «legal ilegalidad» a la cual se sujeta bajo un compromiso ético firmado por sus usuarios.

El objetivo principal de esta y otras redes es la de brindar un espacio de conexión y socialización a las personas. Un lugar para intercambiar, comentar y conocer.

«¿Por qué si la gente con sus propios recursos hace eso ETECSA no puede hacer algo parecido? » me pregunta Alex, joven estudiante de Lengua Inglesa, quien comparte una pregunta que asalta a muchos.
 
«En la universidad nos podemos conectar a la intranet nacional y a internet durante la semana. Algunos en sus trabajos tiene posibilidad de un correo, pero y los que no tienen la oportunidad, ¿por qué no pudieran entrar a redes públicas donde puedan chatear, leer, copiar o simplemente intercambiar gratuitamente?»

Durante la clausura del primer Taller Nacional de Informatización y Ciberseguridad, el vicepresidente Miguel Díaz-Canel expresó que son fundamentales «el derecho a la información, la comunicación y la participación». Basados en este principio muchos cuestionan por qué las iniciativas personales para suplir este derecho han de estar tras el telón.

Más aún, cabe entonces preguntar ante la apertura y giro en la informatización del país, ¿qué espacio tienen las redes WiFi particulares, privadas, ilegales o informales, como son consideradas por los especialistas?